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Ya puedes aumentar el calor corporal comiendo

En las tardes de invierno no hay nada como llegar al calor del hogar, especialmente si nuestras ventanas conservan la temperatura del interior y nos aíslan del frío. Otra manera de colaborar para ser energéticamente eficientes es adecuar la alimentación a las necesidades de nuestro cuerpo y consumir alimentos que nos aporten calor. El frío exige una actividad extra al cuerpo para mantener su temperatura, por lo que una dieta caliente y nutritiva es imprescindible para mantener nuestra temperatura corporal y un adecuado nivel de energía.

El cuerpo humano es altamente inteligente y nos pide lo que necesita, por eso con la llegada del frío empiezan a apetecernos las sopas y los chocolates calientes. No obstante, es importante tener en cuenta lo que consumimos.

Los hidratos de carbono y las grasas, sobre todo, son los alimentos que más energía aportan para mantener el calor del organismo, pero no todos son igual de convenientes nutricionalmente.

Los hidratos de carbono de absorción lenta son muy interesantes, ya que liberan la energía poco a poco y nos permite tener una mayor reserva energética, aunque es recomendable consumirlos integrales cuando los haya. Lo son el arroz, las patatas, la pasta, el pan, los cereales y las legumbres. Estas últimas, además, aportan proteínas de origen vegetal, muy necesarias y nutritivas para nuestro organismo.

Respecto a las grasas, es importante ingerir sólo las saludables, como las que aportan las semillas y los frutos secos. Conviene moderar su consumo -bastando con un puñado-, comerlos crudos o como mucho tostados, y sin salar. Podemos incluir el anacardo, la nuez, la almendra, la avellana, las pipas de girasol o calabaza y el cacahuete.

Otra importante fuente de grasa son los pescados azules o grasos, como el salmón o la sardina, que son de las pocas fuentes naturales de la grasa saludable omega-3.  En general, el consumo de grasas debería limitarse al 30% de las calorías diarias consumidas.

También las verduras de hoja verde son útiles, ya que tienen un escaso aporte de calorías pero, debido a su alto contenido vitamínico, dota al organismo de mucha energía, además de minerales y fibra. Nos referimos concretamente a las espinacas, la acelga, el apio, el brócoli o la coliflor –estos dos últimos destacan por ser concretamente de temporada invernal, por lo que las encontraremos de mejor calidad y tendrán menor impacto ecológico-.

Además de éstas, vegetales y hortalizas como las alcachofas, la zanahoria, el puerro o la calabaza aportarán nutrientes e hidratación a nuestro organismo.

Resaltando algunos alimentos concretos, hemos de destacar la cebolla y el ajo, que refuerzan nuestras defensas y tienen propiedades antioxidantes, antibióticas y antiinflamatorias. Tomados en forma de sopa aportan un aumento de la temperatura corporal inmediata. Además, el ajo en estado crudo –alioli o picado con tomate en las tostadas- es especialmente nutritivo.

El jengibre destaca por su función vasodilatadora, por lo que tiene propiedades antiinflamatorias y es una buena fuente de calor. Destaca también por su versatilidad, pues puede añadirse como condimento en polvo, rallado a ensaladas y pastas o troceado en infusiones.

 

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¿Tienes dudas?, ¿Necesitas asesoramiento?, … contacta con AFA PVC.

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